lunes, 28 de septiembre de 2015

Cuento de un juego.






Preámbulo:
El ser humano ha inspeccionado durante siglos el planeta Tierra, ha creado mapas, controlado los fenómenos naturales, ha construido infraestructuras, ha contaminado y asesinado a miles de seres vivos, pero hay cosas que aún se le escapan…
Existe una isla en la Tierra, una diminuta isla en el pacifico rodeada de otras tantas islas, cada una de ellas especial y única, pero esa isla, esa isla que no tiene nombre, esa isla diminuta pasa desapercibida por el hecho de que, para la humanidad, carece de importancia, o bueno, eso creían.
Capitulo1: Lucha interna.    
Esta amaneciendo en  la isla, unas rallos de luz atraviesan los primeros rincones del precipicio, la gran pared de piedra se despierta un día más de su letargo.
Los rayos de sol penetran los  parpados de sus ojos,  volviendo de color rojo la visión negra que le había dejado la noche.
Jorge se despierta, dolorido por las malas posturas que ocasiona dormir sobre un colchón de paja, se mira los pies, las zapatillas están a punto de romperse y eso quiere decir que llevan más de un mes perdidos en la isla desde el naufragio.
A su lado, sobre otro colchón de paja descansa todavía su amigo Juan.
-¡levántate Juan! Tenemos que empezar a trabajar, las vacas necesitan paja. ¿Quieres despertarte ya?
Juan movía con mucho ímpetu el cuerpo de su amigo, esperando que se despierte lo antes posible, como si estuviese a punto de perder el último tren de vuelta a casa.
-          ¿Qué quieres Jorge? Las vacas pueden esperar …
Jorge, cansado de luchar contra el sueño de su compañero decide salir a inspirar el aire puro de la mañana. Camina hacia la puerta, pisando con fuerza el suelo de madera mientras mira el horizonte sin detenerse a percibir como los rallos de luz acarician su piel. El lago, fiera dulce que protege la casa, parecía haber aumentado su volumen, seguramente debido a las lluvias de los últimos días. Finalmente decide pasar por el puente de piedras que le llevaban a la orilla del lago, donde le esperaba su fiel compañero Fantasma, el cual salto inmediatamente encima de su dueño, lamiéndole las manos, como si no le hubiese visto en una semana. Después de acariciar a su can, Jorge fue a mirar las 4 vacas que pudieron reunir desde el hundimiento del barco.
Juan se despierta y se acomoda sentado sobre la cama, parecía haber dado resultado la insistente lucha de Jorge contra su dulce sueño, coloca las manos sobre su cara y suspira, coge fuerzas y se levanta. Camina lentamente, arrastrando los pies hasta la puerta de la cabaña, en la cual se sujeta mientras acostumbra los ojos a la luz de la mañana. A lo lejos divisa a  Jorge, acariciando las vacas y jugando con Fantasma.
Aún se acuerda de aquel suceso, el hundimiento, cuántos muertos… una experiencia horrible que tuvo que vivir con tan solo 20 años, maldijo aquel tiempo de escasez que le obligo a subir a ese barco en busca de trabajo, seguramente su familia pensara que está muerto y nadie intentara buscarle y salvarle de esta maldita isla. El odio se adueñó de juan a primera hora de la mañana y poco a poco se transformó en tristeza, en aceptación…
-          Juan! Ven, vamos, que tenemos faena! Eres un vago.
Jorge saco a juan de sus oscuros pensamientos, parecía que aquel joven muchacho de 14 años tenía una forma más positiva de ver las desgracias. Cruzo el lago y se aproximó a su amigo. Para su sorpresa las vacas tenían paja desde ayer, los caballos estaban calmadamente pastando los pocos matorrales que aguantaban la aridez de aquel pie de montaña.
-          ¿para qué me llamas si todos están abastecido? – rugió juan lleno de rabia.
-          Tengo que contarte una idea genial que se me ha ocurrido,  y si no te levantaba diciéndote que había faena que hacer no te hubieses molestado ni en escucharme.- su voz sonaba energética y positiva.
-          Está bien, cuéntame que tontería se te ha ocurrido ahora.
-          De tontería nada, Juan. Desde que construimos la cabaña en aquella cueva no nos hemos movido de aquí...
-          ¿y qué? Hay pescado en el lago, hay yerba para el ganado y fantasma se las apaña bien solito, porque no se ha muerto y está más gordo que nosotros.
-          ¡Juan! – su rostro mostraba aburrimiento- estamos comiendo siempre pescado y leche, ¡estoy harto!, te quejas de que no volvemos a casa, de que nadie nos viene a buscar, te quejas y te quejas pero no haces nada por cambiar eso.
-          Está bien, ¿qué propones? Ahora me dirás que quieres explorar la zona, salir a lo desconocido montado en tu caballo y como defensa a lo que pueda aparecer ya tenemos a Fantasma y un palo… - juan mostraba un tono burlón- tonterias…
-          ¡Pues si! Es una buena idea, si no salimos de aquí jamás sabremos si hay otros humanos, o si podemos contactar con otros barcos… si no salimos de esta zona moriremos de asco.
Juan le miro como quien mira a un payaso, se dio la vuelta y se sentó en la orilla del lago, mirando la cabaña y sobre ella aquella montaña escarpada, pensando que tal vez Jorge tenga razón, tal vez si no salen no encuentren nunca su casa, tal vez acaben muriendo de viejos en una isla perdida… pero no pudo evitar que se adueñara de le la aceptación al recordar lo peligroso que puede ser salir de la zona conocida, se le pasaron millones de situaciones y millones de seres que podrían evitar por esas zonas, miles de formas de morir horriblemente.
-          Yo voy a salir a inspeccionar la parte de arriba de la montaña, ¿vas a venir conmigo o te quedas?
Gorgue consiguió sacar a juan de sus horribles hipótesis, aunque después de escuchar la iniciativa e imaginarse a ambos subiendo por la pendiente de quella montaña blanca le hizo temblar del terrible escalofrió que le recorrió la espalda al imaginarse, como mínimo, cayendo de aquella cima.
-          Ve tu solo si quieres morir, yo no iré, no hace falta salir de aquí, no hay nada al otro lado, es una isla pequeña con subirte al  tejado de la cabaña lo ves todo- dijo con un tono burlón, intentando autoconvenserse y convencer a su amigo de la locura que pretendía hacer.

Jorque, cabreado por  el continuo conformismo falso de su amigo, se alejó del lago susurrando “cobarde”. Busco a su corcel, llamo a Fantasma, el cual acudió con gran felicidad a los pies del caballo y se marchó a galope hacia la escarpada pendiente.
Juan lo miraba desde el lago, sintiendo una mezcla de miedo y odio hacia sí mismo por ser tan cobarde y  hacia su compañero por ser tan imprudente.
El miedo de que le pasara algo a Jorge, o de forma más egoísta, de quedarse él solo en esa asquerosa isla le hizo coger su caballo y  cabalgar rápidamente en búsqueda de su amigo.
-          Al final has venido e Juan – dijo Jorge alegremente.
-          No me hagas hablar, es una locura lo que quieres hacer…
En menos de 5 minutos tenían la montaña en frente, levantaron la cabeza y se entrelazaron emociones:
Juan empezó a marearse al sentirse tan diminuto, tan débil… al sentir pánico. Jorge sin embargo sentía curiosidad, fuerza e interés.
Ambos se miraron, Jorge le sonrió, juan contesto el gesto con su mirada de horror a lo que su amigo respondió con una leve risa y puso a su caballo en dirección a un camino entre piedras que parecía subir la montaña.



Capítulo 2: La gran escalada.



El sol pegaba con fuerza sobre la tierra blanca, las rocas se desprendían cada  vez que los caballos intentaban hacer pie. Fantasma era el único que parecía haber escalado montañas toda la vida, lo hacía como quien anda sobre un prado.
Los caballos, a ratos, reusaban caminar, con lo cual tanto Juan como Gorgue tenían que bajar y mostrarles donde pisar, la verdad es que no les resulto  nada fácil y Juan maldijo a Jorge desde que se movió la primera roca.
El sol estaba a punto de esconderse, habían pasado unas 10 horas escalando la escarpada montaña desierta, y por fin habían logrado llegar a la cima. Una brisa de aire marino les refresco el rostro.
-          ¡Que magníficas vistas!- exclamo Juan, mientras miraba la lejanía que lo rodeaba- ¡juan mira!- señalo casi bajo sus pies esperando a que Jorge mirara. 
Jorque se acerco y miro, solo había tierra y teniendo en cuanta la estupidez a la que se ve sometida su amigo por culpa de su temprana edad, seguramente solo señalara la tierra.
-          Es tierra Jorge, muy bonita, muy blanca- dijo como quien le habla a un niño pequeño.
-          No, tonto – movió la cabeza con resignación- desde aquí no se ve nuestra casa, es curioso, parece oculta.
-          Es verdad- Juan se acercó a mirar, nunca se habría dado cuenta de eso, para el carecía de importancia- será porque hemos usado una pequeña cueva que había en la montaña para construir la casa. No tiene importancia.
Los dos se quedaron mirando el paisaje, las vistas, oliendo la brisa mariana. Por primera vez en mucho tiempo dejaron de pensar, simplemente sintieron y  se llenaron de paz.
De repente Juan recordó que los caballos habían sudado y esta brisa fresca junto con la caída del sol seguramente constiparía a sus ayudantes.
-          Jorge rápido dame tu camisa- dijo, mientras se quitaba la suya.
-          ¿para qué?- contesto extrañado e incluso asustado.
-          Para los caballos, como se constipen nos quedamos sin ellos.
Jorge le dio la camisa a Juan y este tapo a ambos caballos.
-          Deberíamos buscar un sitio para pasar la noche, no podemos volver ahora, será mejor mañana por la mañana- por primera vez Juan se sintió cómodo.
Jorge siguió a juan y encontraron una pequeña cueva en una leve bajada de la montaña, ambos entraron con cuidado y vieron que no había nadie ni nada.
La noche empezaba a invadir la isla, la oscuridad de adueño de los bosques y selvas que habían visto desde la cima, los gigantescos árboles y quién sabe si los ríos o cascadas, o si las hadas y monstruos se irían a dormir.
-          Juan, ¿y fantasma?- dijo un poco asustado.
-          No lo sé, ya vendrá, no creo que se haya perdido así, de repente, ese perro sabe muy bien lo que hace- contesto mientras se arreglaba el suelo para dormir.
Juan miro un rato la oscuridad de la noche y lo desconocido, intentando pensar donde se había ido si él fuera Fantasma. Finalmente le vino a la cabeza que se había ido a casa.
Tanto a juan como a Jorge les grujían las tripas por el hecho de no haber comido nada durante todo el día, lo cual alentaba a las fieras, pues parecía dormir en aquella cueva un terrible oso enfadado con el mundo.Los caballos habían pensado que sería buena idea dormir al lado de sus compañeros, así fue como ambos humanos lograron calentarse durante la noche, permitiendo la entrada a un dulce sueño.

A media noche, los ladridos de un perro despertaron a Juan, el cual se asomó para ver que ocurría, por suerte, la luna estaba llena y bañaba la isla de un color plateado muy fantasmagórico.A lo lejos vio acercarse a Fantasma, o eso parecía, o eso creía pensar.Pasados unos minutos de angustia Fantasma logro alcanzarles y le lamio la cara, después comenzó a gruñir en la lejanía. A Juan le dio un vuelco el corazón, ¿qué seria aquello a lo que su can ladraba? Un monstruo, un depredador voraz…. Se vio muerto.
Finalmente pudo observar una especie de gato grande, muy grande, efectivamente un monstruo, pero su sorpresa fue cuando no había solo uno. Inmediatamente despertó a Jorge.
-          Corre coge un caballo, un palo, coge cualquier cosa y corre- dijo Juan mientras hacia todo lo que iba diciendo, parecía describir sus acciones más que dar órdenes.
Jorge no cuestiono a su amigo, hizo lo que le había dicho sin desarrollar argumento ni razonamiento.
Ambos montaron en sus corceles y corrieron hacia un camino que los codicia de nuevo a la cima, y ahí es cuando Jorge vio a que le temía su compañero, fieros gatos gigantes, tal vez leones o tigres o una mezcla; los tenían a un metro de distancia, les rodeaban.
Ambos jinetes no sabían por dónde escapar, la luz lúgubre de la luna predecía su final. Los caballos se encabritaron asustados en un intento de salvar sus vidas. Fantasma gruñía y ladraba irremediablemente rabioso con la intención y el coraje de defender a su familia.
Tal como se esperaba, uno de esos felinos se abalanzo contra  Jorge, más bien, contra su caballo, pero el perro, ese espirito valiente, el único espíritu valiente, salto sobre el enorme felino y se produjo una pelea. Ambos caballos salieron corriendo aprovechando el fatal desenlace y los dos humanos no pudieron emprender ninguna acción a tiempo, simplemente agarrarse a sus cabalgaduras mientras intentaban calmar su horror.
Una vez en la cima  Juan paro su caballo y este le hizo caso, Jorge le imito y se acercó a Juan.
-          Fantasma… - expreso Jorge con su más profunda tristeza.
-          Eso estoy mirando, donde esta- juan oteaba los alrededores, estaba seguro de que el perro seguía vivo.
Finalmente un peluche ensangrentado corrió medio cojo hacia sus dueños.
Juan bajo del caballo, cogió  a Fantasma mientras este se quejaba de dolor, lo envolvió en la camisa que llevaba su caballo y lo ato en la espalda de Jorge. Después cogió un palo  bien grande y rápidamente busco una piedra afilada, se sentó y empezó a filar lo que sería una lanza.
Jorge lo miraba perplejo, nunca lo había visto así, ni siquiera el día del naufragio, parecía otro, todo su egoísmo y cobardía habían desaparecido y fue entonces cuando se dio cuenta de que no le conocía, que había dormido junto a él muchos meses, que habían trabajado juntos pero nunca se había percatado de quien era o tal vez ni Juan sabía que él era así.
Todo se quedó en silencio, solo se escuchaban cada vez más cerca los agresores de su perro, la luna era la única  que  parecía observar tranquila el  temeroso final.
Los caballos empezaron a relinchar, los pasos de los felinos se escuchaban muy cerca, y Juan había terminado la lanza, la cual alzo  al cielo para ver la finísima punta que había creado, pensó que eso serviría para matar, o almenas herir a esos monstruos.
El caballero se levantó, golpeo su caballo para que corriera montaña abajo hacia casa y cuando iba a golpear la montura de su compañero vio en su rostro una expresión de horror,  señal que le obligo a girarse y apuntar con la lanza, justo el felino se abalanzo clavándose en dicha arma. El caballo de Jorge se encabrito y corrió montaña abajo.
Juan se había quedado a solas con tres gatos grandes que le miraban deseosos y uno en el suelo herido de muerte.
Finalmente Juan decidió hacer un gesto de ataque para romper ese espacio de saludo visual entre sus cazadores y él, curiosamente aun tenia sangre fría, no tenía un telón de adrenalina bajo sus ojos ni un miedo infernar en su corazón, simplemente estaba asombrado, perplejo de ver esos animales y debía reconocer que eran hermosos.
Los felinos decidieron acercarse lentamente, Juan retrocedía sin dejar de mirarles, sin bajar el arma, hasta llegar al final de la cima, justo cuando empezaba el vacío, momento en el cual empezó a sentir mucho miedo, estaba acorralado, no sabía que opción era la mejor, si lanzarse contra las bestias que querían devorarle o si dejarse caer al vacío. Un zarpazo le ayudo en su elección. Juan cayó al vacío.

Jorge había llegado a casa, el caballo lo había traído allí, junto a las vacas que dormían plácidamente.
El adolescente bajo del caballo, le quito la montura y lo dejo calmarse y beber agua con tranquilidad; desato al perro de su espalda y lo dejo en el suelo; parecía muy herido, pero aun caminaba.
Jorge acaricio al perro, y se fue hacia su casa, atravesó con rapidez y decisión el lago, busco en el viejo baúl de la casa una de las hachas que usaban para cortar leña, un par de mantas, una camisa y un escudo de madera que el mismo forjo. Cerró el baúl y salió de la casa, atravesó el lago y se dirigió  a los caballos que aún estaban bebiendo.
Jorge estaba decidido a ir en busca de su amigo. Se puso la camisa, tapo con las mantas los caballos, empuño el escudo y apoyo el hacha en su hombro como si fuera a matar a un dragón.
Fantasma quiso seguirle pero sus heridas, más bien el dolor que estas le producían, le impedido moverse, así que simplemente ladro y lloro; Jorge sabía que el perro le estaba diciendo que no se fuera, que era peligroso, pero él habría hecho los mismo en su lugar, es más, lo hizo.
Después de caminar durante una hora encontró un cuerpo tirado en un balcón de la escarpada pendiente, no muy lejos de la casa. Corrió hacia el intentando no pensar en el aspecto que tendría.
Cuando llego a la altura del cuerpo de Juan, rápidamente dejo el hacha en el suelo, se agacho y le dio la vuelta. El rosto de su amigo estaba bien, solo algunas heridas. Le tomo el pulso y para su calma aun batía su corazón.
Jorge se levantó aliviado para observarlo por completo, así descubrió un enorme zarpazo que ocupaba desde el pecho hasta el estómago de su amigo y por supuesto, aun sangraba. Antes de levantar el cuerpo miro a su alrededor por si los felinos seguían cerca, intento no respirar unos segundos y lograr escuchar más a lo lejos. Toda precaución era poca.
Finalmente  levanto a Juan y lo subió a su espalda, estaba seguro de que esas bestias no estaban cerca. Acomodo el cuerpo de su compañero en su espalda y miro el hacha y el escudo, estas dos armas de defensa se quedarían allí, haciendo evidencia de lo que había sido aquella noche. Jorge comenzó a caminar, miro la luna. En una hora estarían en casa.

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